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TEMPERAMENTO

Un estudiante se quejaba en cierta ocasión ante Bankei:
– Maestro, tengo muy mal temperamento. ¿Cómo podría controlarlo?
– Tienes algo muy raro –replicó Bankei. Déjame verlo.
– No puedo enseñarlo en este momento –dijo el otro.
– ¿Cuándo podrás hacerlo? –preguntó Bankei.
Surge de improviso –contestó el estudiante.
Entonces –concluyó el maestro- no debe ser tu propia naturaleza. Si lo fuera, podrías enseñármelo cuando quieras. No lo llevabas contigo cuando naciste, y tus padres no te lo dieron. Piensa en ello.

 
Imagen de Rosa Basurto
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EL CENTRO DEL SER

Un gran maestro del siglo XIX tenía un discípulo muy duro de mollera. El maestro le enseñaba y le enseñaba, tratando de introducirlo a la naturaleza de su mente, pero no lo conseguía. Finalmente, un día se enfureció y le dijo:
Mira, quiero que lleves este saco de cebada hasta la cumbre de aquella montaña de allí. Pero no has de pararte a descansar. Sigue adelante sin detenerte hasta que llegues a la cumbre.
El discípulo era torpe, pero le tenía a su maestro una devoción y una confianza inconmovibles, de modo que hizo exactamente lo que le había mandado. El saco era muy pesado, y tardó mucho en llegar a la cima.
Cuando por fin llegó, soltó el saco y se echó en el suelo, vencido por el cansancio pero profundamente relajado. Toda su resistencia se había disuelto, y con ella su mente ordinaria. Y justo en ese instante comprendió la naturaleza de su mente. Se echó a correr montaña abajo y, contra todas las normas habituales, irrumpió en la habitación del maestro.
Creo que ya lo tengo… ¡Ya lo tengo, de veras!
Así que has tenido una excursión interesante, ¿eh? —le dijo el maestro sonriendo con aire comprensivo.
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ACEPTAR LA IMPERMANENCIA, APRENDER A CONOCERNOS

Sogyal Rimpoché menciona que para comprender la vida y la muerte debemos entender la naturaleza de la mente, lo que podríamos llamar nuestra esencia más profunda. 
Las enseñanzas orientales muestran que si todo lo que conocemos de la mente es el aspecto de ella que se disuelve al momento de morir (rutinas, superficialidades, mera información), no tendremos idea de lo que se perpetúa, ningún conocimiento de esta nueva dimensión de una realidad más profunda. Así pues, es esencial que nos familiaricemos con la naturaleza de la mente cuando aún estemos vivos. Solo así estaremos preparados cuando se revele espontánea y poderosamente en el instante de partir.
La razón más profunda de nuestro temor a la muerte es, posiblemente, que ignoramos quiénes somos. Los occidentales dependemos de una identidad basada en documentos, relaciones afectivas, familia, ocupación, títulos académicos y dinero, lo cual resulta un sostén tan efímero y frágil que, al desvanecerse con la idea de la partida final, veremos “una persona a la que no conocemos, un extraño desconcertante con quien hemos vivido siempre, pero al que, en el fondo, nunca hemos querido tratar”.
Una gran razón por la cual nos cuesta afrontar la muerte es que ignoramos la verdad de la impermanencia. Deseamos que todo siga tal y como está de una manera tan desesperada que necesitamos persuadirnos de que las cosas no cambiarán jamás. A nuestros ojos, los cambios equivalen a pérdida y sufrimiento. Y, cuando se producen, procuramos anestesiarnos. “Nos obstinamos a creer, terca e incuestionablemente, que la permanencia proporciona seguridad y la impermanencia, no”. Tomarse en serio la impermanencia es liberarse poco. Y eso nos lleva a reducir el aferramiento emocional que tenemos a lo terrenal.
Las vivencias tristes suelen ser las más desconcertantes, puesto que solemos interpretarlas como una mala señal. Sin embargo, lo cierto es que las experiencias negativas son una bendición disfrazada, por ello debemos intentar no reaccionar ante ellas con aversión, tal como lo haríamos normalmente, y reconocerlas como son: meras experiencias, ilusorias y parecidas a un sueño. Es más, los verdaderos obstáculos en la vida pueden aparecer con las experiencias positivas. “Cuando las cosas van bien, debéis tener mucho cuidado y estar especialmente atentos para no volveros autocomplacientes o confiados en exceso”. En resumen: debemos permanecer libres del apego a las buenas experiencias y libres de aversión a las malas.
Rimpoché cuenta que en cierta ocasión, una anciana le preguntó al Buda sobre cómo meditar. Él le aconsejó que cada vez que sacara agua del pozo permaneciera atenta a todos y cada uno de sus movimientos de las manos. Ese ejercicio permite “traer a casa la mente dispersa”, lo cual se conoce como “permanecer apaciblemente” o “morar en calma”. La práctica de la atención desactiva nuestra negatividad, nuestra agresividad, nuestro dolor, nuestro sufrimiento y nuestra frustración. En lugar de reprimir nuestras emociones, lo importante aquí es contemplarlas. Solo cuando hayamos eliminado el daño que tenemos dentro podremos ser útiles a los demás, indica.
Todo puede convertirse en una invitación a la meditación: una sonrisa, un rostro en el autobús, la visión de una pequeña flor, el drapeado de una bonita tela en el escaparate de una tienda, el modo en que el rayo de sol ilumina las macetas. Debemos estar atentos a cualquier signo de belleza y de gracia. “Ofreced cada alegría y permaneced siempre despierto a las noticias que llegan del silencio”. Aunque esas noticias lleguen disfrazadas de una aparente tristeza, la cual deberíamos tomar como una parte más de una buena vida. (M.P.) (I)
http://www.larevista.ec/comunidad/cuerpo-y-alma/la-vida-en-la-muerte-o-lo-contrario 
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LA ATENCIÓN Y LA NATURALEZA DE LA MENTE

«La vigilancia minuciosa y la atención
son las que nos permiten cambiar
nuestros comportamientos».
KALU RIMPOCHÉ

La naturaleza de la mente puede representarse como un espejo con cinco poderes, o «sabidurías», distintos. 
Su apertura y su vastedad es «la sabiduría del espacio que todo lo abarca», la matriz de la compasión. 
Su capacidad de reflejar con preciso detalle todo lo que se le ponga delante es «la sabiduría comparable a un espejo»
Su carencia fundamental de toda tendencia a favor o en contra de cualquier impresión es «la sabiduría equitativa»
Su capacidad para distinguir claramente los distintos fenómenos que surgen sin confundirlos en modo alguno es «la sabiduría selectiva»
Y su potencial de tenerlo todo ya cumplido, perfeccionado y espontáneamente presente es «la sabiduría que todo lo cumple».
SOGYAL RIMPOCHÉ
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¿QUÉ PUEDE HABER MÁS IMPREVISIBLE QUE NUESTROS PENSAMIENTOS Y EMOCIONES?

Las células de nuestro cuerpo mueren, las neuronas de nuestro cerebro se deterioran, hasta la expresión de nuestra cara está siempre cambiando según nuestro estado de ánimo. 
Lo que llamamos nuestro carácter básico sólo es un «continuo mental», nada más. Hoy estamos contentos porque las cosas marchan bien; mañana sentimos lo contrario.  
¿A dónde se fue aquella sensación de contento?
Nuevas influencias nos dominaron cuando cambiaron las circunstancias. 
Somos impermanentes, las influencias son impermanentes, y en ninguna parte hay nada sólido ni duradero que podamos identificar.
¿Qué puede haber más imprevisible que nuestros pensamientos y emociones? ¿Tienes tú idea de lo que vas a pensar o sentir la semana que viene? 
Nuestra mente, en realidad, es tan vacía, tan impermanente y efímera como un sueño. 
Observa un pensamiento: viene, permanece un tiempo y se va. 
El pasado ya ha pasado, el futuro aún no ha surgido e incluso el pensamiento presente, mientras lo experimentamos, se convierte en pasado.
Lo único que tenemos en realidad es el ahora.
Sogyal Rimpoché 

 
Imagen de Desireé Dolron 

 Un ser humano es parte de un todo al que llamamos “universo”, una parte limitada en el tiempo y en el espacio. 
Este ser humano se ve a sí mismo, sus pensamientos y sensaciones, como algo separado del resto, en una especie de ilusión óptica de su conciencia. Esta ilusión es para nosotros como una cárcel que nos limita a nuestros deseos personales y a sentir afecto por unas pocas personas que nos son más próximas. 
Nuestra tarea ha de consistir en liberarnos de esta cárcel ampliando nuestros círculos de compasión de modo que abarquen a todos los seres vivos y a toda la naturaleza en su esplendor. 
Albert Einsten
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¿ES FELICIDAD SEGUIR APEGADOS AL PERSONAJE IDEAL QUE QUEREMOS LLEGAR A SER?

Un hombre le dijo a Buda:
«Yo quiero felicidad»
Primero retira el Yo, es Ego.
Después retira el quiero, porque es deseo.
Mira ahora, sólo tienes Felicidad

(Fotografia de Desireé Dolron)
 YOGA SUTRA 2.8  (PATANJALI)
LA AVERSIÓN ES AQUELLO QUE TIENDE A EVITAR EL DOLOR
Atracción y repulsión son inseparables. Cada individuo está esclavizado por sus propios deseos, emociones y miedos.
Entender este estado de cosas nos permite dar un paso significativo en el camino.
Nuestra vida queda, entonces, presa en esta diálectica constante, que no es más que una lucha entre todo lo que rechazamos en nosotros, aquello de lo que huimos y de lo que deseamos llegar a ser un día. En la medida en que estamos pendientes de esto que queremos llegar a vivir del todo y en que estamos huyendo de lo que no queremos llegar a vivir, entonces, cada persona y cada situación, se convertirán para nosotros en un medio u obstáculo para conseguirlo. El error estriba, en primer lugar, en que confundamos nuestra realidad profunda con el papel que desarrollamos en la sociedad.
No vivimos nuestra autenticidad, sino sólo en esta frontera externa del ego, que se convierte en el protagonista de todos nuestros razonamientos y valoraciones.
En definitiva interpretamos todo en función de este personaje ideal que queremos llegar a vivir.
Este es el origen de los conflictos, de la tensión y de la angustia, los cuales son artificiales y carecen de un fundamento real y genuino.