NO VEMOS LO QUE NO QUEREMOS VER

El Principito y la rosa

“Sólo vemos lo que queremos ver”, o sea que “No vemos lo que no queremos ver”.
Nos pasamos la vida filtrando de forma personal todo lo que nos ocurre y sucede y, aunque sólo nos percatamos de una pequeñísima parte, la llamamos “realidad”, pasando por alto que sólo es nuestra realidad y visión del mundo.

Patanjali dice en su Sutra I.4 que la aptitud para comprender el objeto se ve reemplazada por la concepción que la mente tiene de dicho objeto, o bien por una falta total de comprensión.

En alguna entrada anterior menciono la frase “El afecto es una de las pocas cosas cotidianas que no depende sólo de lo que hagamos nosotros ni exclusivamente de nuestra decisión, sino de que efectivamente suceda”.Todo esto me ha generado preguntas que os dejo hoy aquí. ¿Creéis que si no tuvieramos necesidad de correr a defender una “realidad”, seríamos capaces de dar tiempo al objeto para que se nos presente, aquí y ahora, en su Verdadera forma? ¿Creéis que el afecto depende en igual medida de nosotros, el otro y el vínculo? ¿Creéis que nuestras ideas matan lo que en sí mismo es de otra forma?

Inma Ibáñez

“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. 

Eduardo Galeano

Un comentario en “NO VEMOS LO QUE NO QUEREMOS VER

  1. Pienso que llega un día que traspasamos otra realidad justo en aquel instante en que crecemos; nos hacemos mayores, dejamos atrás un mundo como más auténtico y virginal, vacio de todo conocimiento, solo producto de la experimentación más primaria. Y llegado ése momento de dejar atrás ése tiempo puro… aparece ésa realidad que nos montamos llena de anhelos, deseos, objetivos más o menos mundanos (de la Tierra, del mundo, de nuestra participación social). Por ello mi respuesta a la primera pregunta es que sí, que si diéramos tiempo al objeto aparecería su verdadera forma, su única y válida forma, su pureza, sin nuestra propia deformidad.Por ello, de la misma manera, el afecto no tendría ésa medida personal si no que sería en sí mismo afecto y no otra cosa hecha a nuestra medida, a nuestro modo de ver y en muchas ocasiones antojo de las cosas.Nuestras ideas no sólo matan, destruyen. Nuestras ideas por ser en sí mismas, nuestras, no dejan visionar la realidad más auténtica. Llegar a ella es un proceso lento. Cuando observamos una danza en lentitud cada uno de los gestos del bailarín desplaza el aire que existe en su espacio y es la lentitud y la calma la que nos hace ver todos los elementos (bailarín, gestos, aire, respiración). Detener el tiempo, hacer que exista, que aparezca en su mínima expresión es una manera de hacer realidad la forma única (esencial) de vida.Un fuerte abrazo,Montse.

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