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GEOMETRÍA SAGRADA Y YOGA

Con una postura de yoga podemos cambiar nuestra forma física.  ¿Cómo?  Observando, respirando, soltando las ganas de hacerla perfecta, aceptando el momento en el que estamos y tomando consciencia de la forma que necesitamos crear para poder sostenernos el mayor tiempo posible en ella. La estructura sobre la que mantenemos la figura es básica.  ¿Cómo nos colocamos? ¿Cómo respiramos? ¿Cómo proyectamos las líneas que forman la base de esa figura?  Escuchando al cuerpo y callando a la mente.  La mente nos fuerza a ir más allá. El cuerpo nos pide discernir.  El equilibrio entre el discernimiento y el esfuerzo es la disciplina justa. Pensemos en la geometría sagrada. Esas líneas que se proyectan desde un punto colocado estratégicamente para conseguir un plano o un volumen.  Esa podría ser la propuesta.  Escuchar al cuerpo,  decidir los puntos que son necesarios bajo la postura para tener las líneas adecuadas de una figura geométrica,  practicar hasta conseguir levantarla adecuadamente con la respiración justa,  aceptar las limitaciones que se nos ofrece con ese esfuerzo y  comprender nuestro estado mental observando cuidadosamente el ritmo de nuestra respiración.

Inma Ibáñez

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SÉ COMO UN MUERTO

Era un venerable maestro. En sus ojos había un reconfortante destello de paz permanente. Sólo tenía un discípulo, al que paulatinamente iba impartiendo la enseñanza mística.  El cielo se había teñido de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el maestro se dirigió al discípulo y le ordenó:  
-Querido mío, mi muy querido, acércate al cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.  
El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El silencio era sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda clase de elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro.  
–¿Qué te respondieron los muertos? -preguntó el maestro.  
–Nada dijeron.  
-En ese caso, mi muy querido amigo, vuelve al cementerio y lanza toda suerte de insultos a los muertos.  
El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A pleno pulmón, comenzó a soltar toda clase de improperios contra los muertos. Después de unos minutos, volvió junto al maestro, que le preguntó al instante:  
–¿Qué te han respondido los muertos?  
–De nuevo nada dijeron -repuso el discípulo.  
Y el maestro concluyó:  
-Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a los halagos y a los insultos de los otros.  

«El Maestro dice: Quien hoy te halaga, mañana te puede insultar y quien hoy te insulta, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo más allá de unos y de otros.»

101 Cuentos Clásicos de la India