EL DESAPEGO OBSERVA

A veces la ansiedad nos recorre por dentro. A veces .
A veces el mundo se hace pequeño.
Y a veces, la mirada se cierra a todo.
Respirar. Inhalar. Exhalar. Eso es todo.
Dejar la mente tan lejos que no pueda ir a nuestros sentimientos. Hacerla pequeña a ella. Cerrarla.
Colocarnos en otro lugar. ¿Dónde? Desde aquí, desde allá y desde más allá. No. Desde el hacer y hacer no cambia nada. Nos olvidamos de sentir y de estar. Eso es todo.
Fortalecemos nuestra sensación de identidad “haciendo” y el “ser conscientes” se desvanece en ese esfuerzo.
Darnos cuenta. Ver lo que ha surgido. Sentir lo que ha pasado.
Darnos cuenta de dónde estamos ahora nos permite escuchar y, desde ahí, vaciarnos de todo o de parte para volver a entusiasmarnos y considerar y reconsiderar.
Y entonces el ahora. El ahora que se muestra claro. El ahora flexible, ecuánime, suave, corto, lento.
El ahora observa y reflexiona.
El ahora suelta.
Y en ese soltar ocurre todo. El instante, lo inesperado, lo tranquilo, lo sencillo.
Permanecer. Permanecer ahora y sostener la impermanencia de todo.
No somos permanentes, ni independientes ni únicos.
Somos impermanentes, dependientes y múltiples.
Respira.

LOS ESTADIOS DEL YOGA por B.K.S. Iyengar (Enseñanzas de su Maestro Patañjali)

Mediante una práctica devota de los diversos aspectos del yoga se destruyen las impurezas, ya que el yoga puede curar o aliviar nuestros sufrimientos físicos, mentales, morales y espirituales.

YAMA – Autolimitación. Abstención. Elección de valores
NIYAMA – Observancia fija. Autopurificación por disciplina
ÁSANA – Posturas
PRANAYAMA – Regulación de la respiración. Restricción de la respiración
PRATYAHARA – Retirada de los sentidos
DHARANA – Acto de concentrarse. Acto de sostener. Acto de mantener la mente recogida.
DHYANA – Meditación. Contemplación. Reflexión. Atención
SAMADHI – Juntar. Composición. Meditación profunda. Absorber. Supraconsciencia. Ser Uno con el objeto de meditación

ESENCIA DE LAS ENSEÑANZAS BUDISTAS

1 – No cometas una sola acción negativa.

2 – Cultivar un tesoro de virtudes.

3 – Domar esta mente nuestra.  

Enseñanzas de Sogyal Rimpoché

1- No cometas una sola acción malsana. En la medida que puedas, abandona todas las acciones negativas de habla, cuerpo y mente. Ellas son las causas de tu sufrimiento y el de los demás.  

2- Cultiva un tesoro de virtudes. Adopta acciones positivas que son causa de tu felicidad y la de los demás. Amor y compasión. Conocimiento y sabiduría. Todo lo que destruye las emociones negativas supera la ignorancia y desarrolla acciones sanas y positivas. Si no puedes ayudar a los demás, por lo menos no hagas daño. No guardes malicia en tu corazón ya que dañar a los demás te daña a ti y ayudarles te ayuda. Shantideva dijo que “toda la felicidad de este mundo proviene de pensar en los demás y todo el sufrimiento de pensar en Uno mismo”.  

3- Domar esta mente nuestra. Buda dijo que quien se quiere a sí mismo no hará daño a otro y el Dalai Lama dice que su religión es muy sencilla, es la religión de la bondad. Para ser feliz hay que cultivar las causas de la felicidad que son, sabiduría, emociones positivas y acciones positivas.

LA MENTE ES SÓLO PERCEPCIÓN, UN MOVIMIENTO EN LA CONSCIENCIA

La MENTE se clarifica mediante el CULTIVO de la AMISTAD, la AMABILIDAD, la ALEGRÍA y la INDIFERENCIA hacia la FELICIDAD, el VICIO y la VIRTUD.

Yoga Sutra de PATANJALI 1.33

La mente es sólo percepción y la percepción es un movimiento en la consciencia. La expresión de ese movimiento es la acción, que produce placer o dolor. La mente es un deseo que brota en la conciencia omnipotente e infinita. No es real ni irreal, aunque puede parecer ambas cosas, y su función es captar, percibir, comprender. Aunque no es distinta a la conciencia, cree serlo; aunque no actúa, cree actuar.

El jîva (el individuo, el yo) y la mente son inseparables o, por mejor decir, idénticos.

Ishana Pérez

GEOMETRÍA SAGRADA Y YOGA

Con una postura de yoga podemos cambiar nuestra forma física.  ¿Cómo?  Observando, respirando, soltando las ganas de hacerla perfecta, aceptando el momento en el que estamos y tomando consciencia de la forma que necesitamos crear para poder sostenernos el mayor tiempo posible en ella. La estructura sobre la que mantenemos la figura es básica.  ¿Cómo nos colocamos? ¿Cómo respiramos? ¿Cómo proyectamos las líneas que forman la base de esa figura?  Escuchando al cuerpo y callando a la mente.  La mente nos fuerza a ir más allá. El cuerpo nos pide discernir.  El equilibrio entre el discernimiento y el esfuerzo es la disciplina justa. Pensemos en la geometría sagrada. Esas líneas que se proyectan desde un punto colocado estratégicamente para conseguir un plano o un volumen.  Esa podría ser la propuesta.  Escuchar al cuerpo,  decidir los puntos que son necesarios bajo la postura para tener las líneas adecuadas de una figura geométrica,  practicar hasta conseguir levantarla adecuadamente con la respiración justa,  aceptar las limitaciones que se nos ofrece con ese esfuerzo y  comprender nuestro estado mental observando cuidadosamente el ritmo de nuestra respiración.

Inma Ibáñez

SÉ COMO UN MUERTO

Era un venerable maestro. En sus ojos había un reconfortante destello de paz permanente. Sólo tenía un discípulo, al que paulatinamente iba impartiendo la enseñanza mística.  El cielo se había teñido de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el maestro se dirigió al discípulo y le ordenó:  
-Querido mío, mi muy querido, acércate al cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.  
El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El silencio era sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda clase de elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro.  
–¿Qué te respondieron los muertos? -preguntó el maestro.  
–Nada dijeron.  
-En ese caso, mi muy querido amigo, vuelve al cementerio y lanza toda suerte de insultos a los muertos.  
El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A pleno pulmón, comenzó a soltar toda clase de improperios contra los muertos. Después de unos minutos, volvió junto al maestro, que le preguntó al instante:  
–¿Qué te han respondido los muertos?  
–De nuevo nada dijeron -repuso el discípulo.  
Y el maestro concluyó:  
-Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a los halagos y a los insultos de los otros.  

“El Maestro dice: Quien hoy te halaga, mañana te puede insultar y quien hoy te insulta, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo más allá de unos y de otros.”

101 Cuentos Clásicos de la India

QUÉ ES LA SOMBRA

“Del monje Milarepa, célebre en la historia del budismo, se cuenta que una vez entró en una cueva y tuvo miedo. Estaba oscuro todo alrededor, y la oscuridad le hizo creer que había un demonio acurrucado en el rincón entre las sombras. En efecto, al poco tiempo surgió de la sombra un demonio. Milarepa le increpó: “¿De modo que estabas ahí?” “No”, contestó el demonio, “estaba en tu mente’.”

Tenzin Choedrak, The Rainbow Palace, Bantam Books, London 2000, p. 145

1 CUENTO SUFI SOBRE LA INACCIÓN Y DOS FRASES SOBRE YOGA

De entre todos los pueblos que el Mullah Nasrudín visitó en sus viajes, había uno que era especialmente famoso porque a sus habitantes se les daban muy bien los números. Nasrudín encontró alojamiento en la casa de un granjero. A la mañana siguiente, se dio cuenta de que el pueblo no tenía pozo. Cada mañana, alguien de cada familia del pueblo cargaba uno o dos burros con garrafas vacías y se iban a un riachuelo que estaba a una hora de camino, llenaban las garrafas y las traían de vuelta al pueblo, lo que les llevaba otra hora más.

“¿No sería mejor si tuvierais agua en el pueblo?”, preguntó el Mullah al granjero de la casa en la que se alojaba. “¡Por supuesto que sería mucho mejor!”, dijo el granjero. “El agua me cuesta cada día dos horas de trabajo para un burro y un chico que lleva el burro. Eso hace al año mil cuatrocientas sesenta horas, si cuentas tanto las horas del burro como las del chico. Pero si el burro y el chico estuvieran trabajando en el campo todo ese tiempo, yo podría, por ejemplo, plantar todo un campo de calabazas y cosechar cuatrocientas cincuenta y siete calabazas más cada año, que al precio actual alcanzarían para comprar vaca y media”.

“Veo que lo tienes todo bien calculado”, dijo Nasrudín admirado. “¿Por qué, entonces, no construyes un canal para traer el agua al río?” “¡Eso no es bien simple!”, dijo el granjero. “En el camino hay una colina que deberíamos atravesar. Si pusiera a mi burro y a mi chico a construir un canal en vez de enviarlos por el agua, les llevaría quinientos años si trabajasen dos horas al día. Sólo me quedan otros treinta años más de vida, meses más, meses menos, u otros 6 y 3/4 si dejo el tabaco. Así que me es más barato enviarles por el agua.” “Sí, pero, ¿es que serías tú el único responsable de construir un canal? Sois muchas familias en el pueblo.” “Claro que sí”, dijo el granjero. “Hay cien familias en el pueblo. Si cada familia enviase cada día dos horas un burro y un chico, el canal estaría hecho en cinco años. Y si trabajasen diez horas al día, estaría acabado un año”.


“Entonces, ¿por qué no se lo comentas a tus vecinos y les sugieres que todos juntos construyáis el canal?” “Pues… – prendiendo otro cigarro – … Mira, si yo tengo que hablar de cosas importantes con un vecino, tengo que invitarle a mi casa, ofrecerle té y azúcar, hablar con él del tiempo y de la nueva cosecha, luego de su familia, sus hijos, sus hijas, sus nietos. Después le tengo que dar de comer y después otro té con galletas y él tiene que preguntarme entonces sobre mi granja y sobre mi familia para finalmente llegar con tranquilidad al tema y tratarlo con cautela. Eso lleva un día entero. Como somos cien familias en el pueblo, tendría que hablar con noventa y nueve cabezas de familia. Estarás de acuerdo conmigo que yo no puedo estar noventa y nueve días seguidos discutiendo con los vecinos. Mi granja se vendría abajo. Lo máximo que podría hacer sería invitar a un vecino a mi casa por semana. Como un año tiene sólo cincuenta y dos semanas, eso significa que me llevaría casi dos años hablar con mis vecinos. Conociendo a mis vecinos como les conozco, te aseguro que todos estarían de acuerdo con hacer llegar el agua al pueblo, porque todos ellos son buenos con los números. Y como les conozco, te aseguro, cada uno prometería participar si los otros participasen también. Entonces, después de dos años, tendría que volver a empezar otra vez desde el principio, invitándoles de nuevo a mi casa y diciéndoles que todos están dispuestos a participar”. “Vale”, dijo el Hodja, “pero entonces en cuatro años estaríais preparados para comenzar el trabajo. ¡Y al año siguiente, el canal estaría construido!” “Hay otro problema”, dijo el granjero. “Estarás de acuerdo conmigo que una vez que el canal esté construido, cualquiera podrá servirse del agua, tanto si ha o no contribuido con su parte de trabajo correspondiente.” “Lo entiendo”, dijo Nasrudín. “Incluso si quisierais, no podríais vigilar todo el canal.” “Pues no”, dijo el granjero. “Cualquier avispado que se hubiera librado de trabajar, se beneficiaría de la misma manera que los demás y sin costo alguno”. “Tengo que admitir que tienes razón”, dijo Nasrudín. “Así que como a cada uno de nosotros se nos dan bien los números, intentaremos escabullirnos. Un día el burro no tendrá fuerzas, otro día el chico de alguien tendrá tos, otro la mujer de alguien estará enferma, y el niño y el burro tendrán que ir a buscar al médico… Como a nosotros se nos dan bien los números, intentaremos escurrir el bulto. Y como cada uno de nosotros sabe que los demás no harán lo que deben, ninguno mandará a su burro o a su chico a trabajar. Así que la construcción del canal ni siquiera se empezará…”

“Tengo que reconocer que tus razones suenan muy convincentes”, dijo Nasrudín que se quedó pensativo por un momento, pero de repente exclamó: “Conozco un pueblo al otro lado de la montaña que tenía el mismo problema que vosotros tenéis. Pero ellos tienen un canal desde hace ya veinte años.”
“Efectivamente”, dijo el granjero, “pero a ellos no se les dan bien los números”…

No puedes hacer yoga. El yoga es un estado natural. Lo que puedes hacer son ejercicios de yoga, los cuales te pueden revelar cuando estas resistiendo tu estado natural

Sharon Gannon

En teoría, práctica y teoría son los mismo. En la práctica no.

Yogi Berra