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Mente y consciencia

EL DESAPEGO OBSERVA

A veces la ansiedad nos recorre por dentro. A veces .
A veces el mundo se hace pequeño.
Y a veces, la mirada se cierra a todo.
Respirar. Inhalar. Exhalar. Eso es todo.
Dejar la mente tan lejos que no pueda ir a nuestros sentimientos. Hacerla pequeña a ella. Cerrarla.
Colocarnos en otro lugar. ¿Dónde? Desde aquí, desde allá y desde más allá. No. Desde el hacer y hacer no cambia nada. Nos olvidamos de sentir y de estar. Eso es todo.
Fortalecemos nuestra sensación de identidad «haciendo» y el «ser conscientes» se desvanece en ese esfuerzo.
Darnos cuenta. Ver lo que ha surgido. Sentir lo que ha pasado.
Darnos cuenta de dónde estamos ahora nos permite escuchar y, desde ahí, vaciarnos de todo o de parte para volver a entusiasmarnos y considerar y reconsiderar.
Y entonces el ahora. El ahora que se muestra claro. El ahora flexible, ecuánime, suave, corto, lento.
El ahora observa y reflexiona.
El ahora suelta.
Y en ese soltar ocurre todo. El instante, lo inesperado, lo tranquilo, lo sencillo.
Permanecer. Permanecer ahora y sostener la impermanencia de todo.
No somos permanentes, ni independientes ni únicos.
Somos impermanentes, dependientes y múltiples.
Respira.

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Mente y consciencia Yoga Sutras

LA MENTE ES SÓLO PERCEPCIÓN, UN MOVIMIENTO EN LA CONSCIENCIA

La MENTE se clarifica mediante el CULTIVO de la AMISTAD, la AMABILIDAD, la ALEGRÍA y la INDIFERENCIA hacia la FELICIDAD, el VICIO y la VIRTUD.

Yoga Sutra de PATANJALI 1.33

La mente es sólo percepción y la percepción es un movimiento en la consciencia. La expresión de ese movimiento es la acción, que produce placer o dolor. La mente es un deseo que brota en la conciencia omnipotente e infinita. No es real ni irreal, aunque puede parecer ambas cosas, y su función es captar, percibir, comprender. Aunque no es distinta a la conciencia, cree serlo; aunque no actúa, cree actuar.

El jîva (el individuo, el yo) y la mente son inseparables o, por mejor decir, idénticos.

Ishana Pérez

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LA CAPACIDAD DE OBSERVAR Y RESTRINGIR LAS OSCILACIONES DE LA MENTE

Antiguamente en la India, un practicante de Yoga no era aceptado hasta que, durante un periodo de 2 años por lo menos, no era capaz de observar y restringir las oscilaciones de su mente. Debía observar su conducta ante los demás y ante sí mismo. Eso proporcionaba una línea general de conducta y servía de base para un código ético de conducta entre profesores de yoga y entre éstos y sus alumnos. Toda moralidad existe para el yogui en función de la liberación, que es el único bien absoluto. 
Los Yamas y Niyamas conforman la guía ética del yoga.

Yamas – Niyamas

La persona común es incapaz de aislarse de forma absoluta de su entorno. Por esta razón, en los Yoga Sútra se recomienda una línea de sentimientos a desarrollar ante distintas actitudes de los demás que pueden presentarse y afectar al yogui.

La mente se pacifica produciendo:

  •  Amistad
  •  Compasión
  • Alegría
  • Ecuanimidad

Hacia situaciones de  felicidad, desgracia, mérito y demérito,  respectivamente.

El yoga no dispone de un orden moral estructurado “desde fuera”, pero sí proporciona una línea general de conducta ante los demás y ante uno mismo.

YAMAS (principios universales)

Las Restricciones son: 

Abstenerse:
De causar daño
De mentir
De robar
De placeres sensuales
De riquezas

NIYAMAS (preceptos individuales)

Las Observancias son:

Limpieza interna y externa
Contentamiento
Ascetismo
Estudio de si mismo
Devoción al Ser supremo (entendido como calidad de acción) 

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Mente y consciencia

¿DE DÓNDE PROVIENE NUESTRO SUFRIMIENTO?

Cuando analizamos nuestros sufrimientos nos damos cuenta de que en todos los casos las causas estriban en que nuestros deseos se hallan en conflicto con las leyes de la existencia y, dado que esas leyes son imposibles de cambiar, la única alternativa posible consiste en transformar nuestros deseos.

Francisco Dokushô Villalba

Es nuestra propia mente la que crea el mundo y todo el sufrimiento asociado a él. Somos nosotros, cada uno de nosotros, los que percibimos nuestro mundo, el mundo que nuestra propia mente ha creado, en general, de forma inconsciente. Debemos por tanto hacernos responsables de nuestras percepciones. Somos los responsables del mundo que percibimos.

Nuestros sufrimientos no provienen del exterior, de un mundo externo hostil, de nuestros enemigos, de un dios malvado, sino que proceden de nuestro propio mundo interno

A partir del momento en el que reconocemos que nuestro sufrimiento no proviene del exterior sino de nuestra propia manera de organizar y representarnos mentalmente nuestra identidad y la realidad, nos damos cuenta de que la superación de este sufrimiento está en nuestras manos y que para ello, basta con reconocer sus causas y eliminarlas.

“La mente es en sí misma. Puede hacer un cielo del infierno y un infierno del paraíso.”

John Milton
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AQUELLO QUE NO ERES CAPAZ DE ACEPTAR ES LA ÚNICA CAUSA DE TU SUFRIMIENTO

Sufres porque no aceptas lo que te va ocurriendo a lo largo de la vida y porque tu ego te hace creer que puedes cambiar la realidad externa para adecuarla a tus propios deseos y necesidades egocéntricas. Pero la verdad es que lo único que sí puedes cambiar es la interpretación que haces de los acontecimientos en sí, conociendo y comprendiendo cómo funciona tu mente. 


Si tu interpretación del hecho te reporta sufrimiento es que actúas desde la ignorancia; si te deja paz interior o te trae armonía y satisfacción no cabe duda de que actúas desde la sabiduría. 

Ante el sufrimiento, el miedo, la tristeza o la angustia hazte una simple pregunta: ¿qué es lo que no estoy aceptando? La respuesta te hará comprender que la limitación que origina todas estas desagradables reacciones está en tu propia mente y no en ninguna otra parte. En realidad nadie puede hacerte daño: tu ego es el que te hace reaccionar automática y negativamente ante lo que te sucede, te dicen o te hacen. Tu ego es el único responsable de tu malestar interior, por mucho que te esfuerces en buscar culpables fuera de ti mismo. Cuando compruebas la veracidad de estas afirmaciones a través de tu experiencia personal, dejas de intentar cambiar la realidad externa para acomodarla a las exigencias de tu ego y comienzas a trabajar sobre tu realidad interna para aprender a aceptarla tal como es. A partir de entonces comprendes que has venido al mundo a aprender a ser feliz por ti mismo. 
Éste es el llamado camino espiritual.

Gerardo Schmedling

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Mente y consciencia Yoga Sutras

NO VEMOS LO QUE NO QUEREMOS VER

El Principito y la rosa

“Sólo vemos lo que queremos ver”, o sea que “No vemos lo que no queremos ver”.
Nos pasamos la vida filtrando de forma personal todo lo que nos ocurre y sucede y, aunque sólo nos percatamos de una pequeñísima parte, la llamamos “realidad”, pasando por alto que sólo es nuestra realidad y visión del mundo.

Patanjali dice en su Sutra I.4 que la aptitud para comprender el objeto se ve reemplazada por la concepción que la mente tiene de dicho objeto, o bien por una falta total de comprensión.

En alguna entrada anterior menciono la frase «El afecto es una de las pocas cosas cotidianas que no depende sólo de lo que hagamos nosotros ni exclusivamente de nuestra decisión, sino de que efectivamente suceda».Todo esto me ha generado preguntas que os dejo hoy aquí. ¿Creéis que si no tuvieramos necesidad de correr a defender una «realidad», seríamos capaces de dar tiempo al objeto para que se nos presente, aquí y ahora, en su Verdadera forma? ¿Creéis que el afecto depende en igual medida de nosotros, el otro y el vínculo? ¿Creéis que nuestras ideas matan lo que en sí mismo es de otra forma?

Inma Ibáñez

«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar». 

Eduardo Galeano
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EL HÁBITO DE LAS COSTUMBRES

Estemos atentos para cambiar el lugar de la mirada, para ver y percibir dentro de otro campo diferente del habitual. Controlemos la conducta para desviar la inercia de la voluntad acostumbrada a lo ya aprendido. Recuperemos de esa forma el control verdadero de nuestras decisiones y actos dejando de buscar motivos en el pasado que los justifiquen. 
El pasado sólo debería servir para buscar puntos de referencia, nunca debería existir para justificar. Con las justificaciones seguiríamos atados a él y ocuparía un espacio necesario para nuestra vida de hoy. Entendamos con él nuestra fuerza y estemos activa y permanentemente alerta en espera de las manifestaciones de las posibilidades de cambio.

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IDENTIFICACIÓN NO ES IDENTIDAD

Si la disciplina y el estudio trabajan con la energía que nos conduce a la verdad, entonces deberíamos admitir que tenemos dos energías en la vida. 

Una energía, la habitual, está acostumbrada a querer tener razón y a defenderse de modo subjetivo. Se identifica con sus ideas y está velada por la confusión del ego, el apego, la aversión y los miedos. Me pregunto si hay forma de trascender ese estado sin mirar, escuchar y reconocer al otro. Ese otro que primero hace de espejo y luego nos enfrenta a nuestras carencias.En ese preciso instante se abren dos posibilidades, la dualidad es eso, o nos quedamos donde estamos o ascendemos más allá de nosotros mismos y del otro para llegar a un lugar  más elevado donde mejore la calidad de nuestra acción.  Ser capaces de salir de nosotros mismos y de no detenernos en el otro es el camino de Ser. Esa sería la segunda energía. Eso sería lo intangible, lo misterioso, lo permanente. Ni el yo ni el otro lo son. Cuando una  relación empieza a sanar, es capaz de transmutar los hábitos hasta abrirnos a la capacidad de que todas las relaciones funcionen con ese parámetro y entonces todo y todos se vuelven divinos, en el sentido de que dan la posibilidad de mejorar nuestra calidad de relación. Hasta que no alcanzamos lo permanente todo es impermanente. Con ego, apego, aversión y miedo sólo hay cambios y justificaciones. Identificación no es identidad. Entonces, ¿Quienes somos? ¿Somos lo permanente o lo impermanente? ¿Somos lo singular o lo múltiple? ¿Somos lo dependiente o lo independiente?¿Cómo se desvela nuestro Ser?  ¿Mediante los «Yo», mediante el otro o mediante cada uno de nuestros actos en nuestra forma de relacionarnos?

Inma Ibáñez