Alonso Márquez - Equilibrista sobre aro

 – No estás completo. No tienes paz. La aserción me molestó. Me sentí ofendido. Pensé que don Juan no estaba calificado en modo alguno para juzgar mis actos ni mi personalidad.
– Estás lleno de problemas – dijo – ¿Por qué?
– Sólo soy un hombre, don Juan – repuse malhumorado.
Hice la afirmación de la misma forma en que mi padre solía hacerla. Cada vez que decía ser sólo un hombre, implicaba que era débil e indefenso y su frase, como la mía, rebosaba un esencial sentido de desesperanza.
Don Juan me escudriñó como el día en que nos conocimos.
– Yo también soy sólo un hombre, pero no lo digo como tú lo dices.
– ¿Cómo lo dice usted?
– Yo me he salido de todos mis problemas. Qué lástima que la vida sea tan corta y no me permita aferrarme a todas las cosas que quisiera. Pero eso no es problema, ni punto de discusión; es sólo una lástima.
Me gustó el tono de sus frases. No había en él desesperación ni compasión por sí mismo.

Palabras de Don Juan a Castaneda

1 comentario en “NI DESESPERACIÓN NI COMPASIÓN”

  1. Es muy interesante lo que se propone con esta entrada. Una mirada sobre el mundo, incluyéndonos a nosotros mismos, desprovista de proyección. Una mirada que no tenga las emociones como fin ni como principio. Una forma muy avanzada de relacionarse con lo existente, teniendo en cuenta que lo existente no es nada distinto de nosotros ni nosotros nada distinto de lo existente. Gracias por este texto.Una Yogui.

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